En términos generales, los compuestos bioactivos, nutracéuticos o ingredientes de alimentos funcionales son muy sensibles a determinadas condiciones ambientales y factores externos como ser la temperatura, la luz y el oxígeno. Estos factores no sólo son parte de procesos industriales, sino que se encuentran en el tracto gastrointestinal por medio de enzimas u otros compuestos. En otras palabras, la degradación de los compuestos bioactivos puede ser ocasionada por agentes químicos, físicos o biológicos, que se encuentran desde las etapas de producción e incorporación hasta el de almacenamiento y consumo de los productos enriquecidos con dichos ingredientes. Por lo tanto, los compuestos bioactivos deben ser protegidos de manera que tanto sus propiedades como su biodisponibilidad no se vean alteradas por dichos agentes, y así preservar la efectividad del alimento funcional que los contiene.
La maltodextrina es una fibra concentrada y altamente soluble, que trabaja de forma excelente en una amplia variedad de productos, sin provocar impacto sobre el color, sabor ni textura. La gran funcionalidad de la maltodextrina se traduce en brindar rápida dispersión, elevada solubilidad, soluciones transparentes y estabilidad única frente a condiciones de procesos severas.
El alpechín es el agua vegetal obtenida tras la extracción del aceite de oliva, la cual proviene de los tejidos blandos de la aceituna. El fruto del olivo es rico en compuestos fenólicos, pero sólo 2% del contenido total de fenoles de la aceituna pasa a la fase de aceite, mientras que la cantidad restante se pierde en el alpechín (aproximadamente 53%) y en el orujo (aproximadamente 45%) (Rodis et al. 2002).

CoQ10 actúa como un antioxidante, previene enfermedades cardiovasculares e infartos y su adición podría proteger a las neuronas de la degeneración.
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